MÁS ALLÁ DEL RECORRIDO CORPORAL: ATENCIÓN PLENA

Si ya haces Yoga, la atención plena te permitirá profundizar cada vez más en tu práctica al ser más consciente de ti mismo, y si eres un principiante, considéralo como una extensión del recorrido corporal: comienza despacio con algunas posturas sencillas y adóptalas conscientemente.

“Recuerdo mi primera clase de Yoga. Pensaba que si no tenía flexibilidad no podría hacer nada, que iba a hacer el ridículo y que me iba a pasar la clase sufriendo y deseando que acabara. ¡Me equivoqué! Cuando terminó la clase, sentí una sensación increíble en todo mi cuerpo, y mi mente se sentía más ligera y tranquila. Con la práctica, me di cuenta de que el Yoga es algo para mí, para llevar mi ritmo y experimentar cambios sutiles en mi mente y cuerpo. Sentía que no tenía que demostrar nada a nadie, ni siquiera a mí misma, simplemente tenía que dejar que mi cuerpo fluyera sin forzar y mi mente se mantuviera en el momento presente, con cada respiración, con cada postura, con cada momento de relax. Mi cuerpo, poco a poco, fue ganando esa ansiada flexibilidad casi sin darme cuenta. Además, a día de hoy puedo decir que sonrío más, que gestiono mejor las críticas, ya sean en el ámbito laboral o personal, y que soy una persona más centrada, segura y feliz.” Miriam H.

Esto que acabas de leer es un testimonio real, de una de mis alumnas que empezó la práctica del Yoga hace 3 años y a día de hoy puede explicar así de bien lo que siente. Ella tomó conciencia de su estado mental y corporal en cada momento, se escuchó a sí misma y se trató con cariño, sin forzar, siempre atenta a las sensaciones. Así ha podido llegar a este punto de conexión y conocimiento de sus percepciones.

En Yoga hacemos hincapié en la respiración para conducirte a estados profundos de concentración. Al realizar posturas sencillas con atención plena, ampliamos el recorrido corporal a nuevas áreas de sensación. No es cuestión de hacerte daño forzando tu cuerpo para alcanzar una postura, sino de hacer énfasis en asanas (posturas) simples y observar la armonización del cuerpo y la mente. Desde el recorrido corporal estarás a un solo paso de ello; quizá sea el primero de otros muchos en tu nuevo viaje consciente a través del Yoga.

CUATRO POSTURAS SENCILLAS
Prueba cada una de estas posturas básicas dos o tres veces, tomando conciencia de las sensaciones corporales. No es recomendable realizarlas en caso de estar embarazada.

POSTURA DE LA MONTAÑA
En esta posición te mantienes erguido y firme para favorecer el bienestar físico y mental.
1. Comienza de pie con los brazos a los lados del cuerpo y la mirada al frente. Mantén los hombros relajados. Extiende los dedos de los pies y presiónalos contra el suelo.
2. Con las rodillas en línea con los tobillos, extiende la columna y el cuello. Respira hondo y eleva los brazos, manteniéndolos rectos.

POSTURA DE LA SILLA
Esta postura contribuye a fortalecer la parte inferior del cuerpo y estira la espalda.
1. Comienza de pie con los pies separados el ancho de las caderas y mirando hacia delante. Inhala profundamente, estira los brazos y elévalos por encima de la cabeza, manteniéndolos paralelos con las palmas mirando hacia dentro, o bien tocándose.
2. Exhala y ve flexionando las piernas – como si fueras a sentarte – tanto como puedas. Las rodillas miran hacia delante. Alarga la columna y mantén la postura realizando entre seis y ocho respiraciones profundas. Regresa a la posición inicial de pie y luego repite una vez más.

POSTURA DEL NIÑO
Esta postura estira suavemente los muslos y las caderas; debido a su similitud con la posición fetal, resulta relajante para muchas personas.
1. Siéntate sobre los talones con los pies tocándose entre sí.
2. Al exhalar, desplaza el tronco hacia delante y apóyalo sobre los muslos, bajando el pecho tanto como puedas y extendiendo los brazos. Si es posible, deja que el cuello descanse sobre la esterilla o el suelo. Mantén la postura durante 30 segundos antes de deshacer vértebra a vértebra.

LA COBRA
Esta posición estira la parte superior del cuerpo y la espalda, y contribuye a alargar los brazos y los hombros.
1. Túmbate sobre la esterilla con la cabeza hacia abajo, los pies separados a la anchura de las caderas y los empeines sobre el suelo. Flexiona los brazos y apoya las manos en la esterilla debajo de los hombros.
2. Levanta el tronco apoyándote sobre las manos y elevando la cabeza y el pecho mientras inhalas. Mantén la mirada al frente; mantén la postura de cuatro a seis respiraciones y luego deshazla bajando el tronco.

Permítete abrirte más profundamente a la práctica del Yoga y extiende ese sentimiento a la totalidad de tu vida.
Namaste
Paz

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